Abogacía y Salud: Los datos que el colectivo no puede ignorar

La abogacía es estresante. Lo tenemos muy claro quienes la ejercemos.
Largas y estresantes jornadas de trabajo siempre en la misma posición: sentadas ante el ordenador o en salas de reuniones. Elevadas cargas de trabajo, junto a la presión por cumplir con plazos improrrogables, la intransigencia de las personas y entidades que requieren de nuestros servicios, la necesidad de mantener altos niveles de productividad, la constante competencia, el síndrome del impostor, el síndrome del bornout … unido al avance de las tecnologías que hacen que no podamos desconectar ni un momento del trabajo; son caldo de cultivo para minar nuestra salud física, mental y emocional.
Tal y como se reconoce en el Estudio elaborado por el Colegio de la Abogacía de Madrid en 2024, la nuestra es una profesión con un “fuerte impacto mental, psicológico y emocional, físico y social (…). Nuestra profesión y el modo en que es ejercida por la mayoría de los profesionales, (…) la hace una profesión compleja y de alto riesgo desde la óptica del bienestar. Los niveles constantes de estrés, los plazos improrrogables, la necesidad de captar nuevos clientes y la naturaleza individualista de nuestra labor crean una tormenta perfecta para descuidar nuestro bienestar”
¿Quiénes ejercemos el derecho… podemos vivir sin estrés?
Entiendo que no. El estrés forma parte de nuestra naturaleza, como parte del proceso de adaptación al cambio; es una reacción natural y biológica ante determinadas situaciones. Es incluso necesario en nuestra profesión: nos mantiene alerta, nos permite reaccionar en el momento oportuno en un juicio, en una negociación dificil… El problema empieza cuando el estrés se vuelve crónico; el sistema nervioso se desequilibra y nuestro cuero empieza a emitir señales físicas y mentales de alerta.
Estrés, ansiedad, depresión, sedentarismo, problemas musculoesqueléticos, problemas cardiovasculares, trastornos del sueño, sobrepeso, abuso de sustancias o medicamentos, desconexión emocional, … son algunos de los principales problemas de salud que presenta el colectivo. Por no hablar de las relaciones y los afectos, la tan soñada y con frecuencia inalcanzable conciliación entre vida personal, familiar y profesional: un 82% estaría dispuesto a reducir ingresos para dedicarse a sus pasiones y a sus seres queridos
Algunos datos que arrojan el Estudio realizado por el Instituto de Salud Mental de la Abogacía (ISMA – MHILP) junto a Lefebvre en 2019:
- Dedicación: más del 73% reconoce trabajar más de 40 horas semanales
- Sueño: si dormir saludablemente se considera dormir entre 7 y 9 horas; el 81% no duerme el número de horas necesarias.
- Sedentarismo: solo un 47% hace algún tipo de deporte todas las semanas.
- Alimentación: solo 4 de cada 10 sigue dieta equilibrada con frecuencia; pero el 63% reconoce que el tipo de trabajo dificulta el seguimiento de una dieta equilibrada.
Según este estudio, los principales riesgos para la salud detectados en el ejercicio de la abogacía son: 98,8% estrés; 91% sedentarismo, 81% insomnio y el 66% sobrepeso.
Y, específicamente en relación con la salud mental, el primer estudio a fondo que la aborda fue realizado en 2021 por la International Bar Association. En su informe ponen de manifiesto que una de cada 3 de las personas que participaron en el estudio reconocía que nuestro trabajo impacta negativamente en nuestra salud mental (ansiedad, depresión, estrés….) y el 41% afirma que evitaba hablar de sus problemas mentales por miedo a las represalias.
Por su parte, el estudio realizado en 2024 por el Colegio de la Abogacía de Madrid sobre la salud mental de la abogacía madrileña concluye señalando que seis de cada diez abogados/as sufre ansiedad, casi la mitad han experimentado fatiga, pensamientos negativos y deprimentes y alteraciones emocionales; siendo mujeres y jóvenes los colectivos más afectados.
Es cierto que una parte del colectivo utiliza mecanismos de salud y cuidados personales (deporte, descansos, terapias). Sin embargo, otra parte se acoge a formas de huida (alcoholismo, drogas, etc). Ahora bien, los apoyos que buscamos sueles ser sectoriales: físicos (deportes, andar, …) o mentales (terapias psicológicas). Son pocos los apoyos integrales, holísticos, que partan del reconocimiento de todos los aspectos de la persona.
Es hora de empezar a superar el dualismo entre cuerpo y mente. Es hora de empezar a mirarnos, a cuidarnos. No sólo para poder ser mejores profesionales; si no, sobre todo, para poder vivir plenamente nuestras vidas, tanto a nivel físico como mental, aun ejerciendo esta apasionante profesión.
Bibliografía:
“Estudio ICAM sobre la salud mental de la abogacía madrileña”. Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid. Fundación ICAMCortina. 6 de junio de 2024. https://web.icam.es//wp-content/uploads/2024/10/2_Completo_Estudio-ICAM-sobre-la-Salud-Mental-de-la-Abogaci%CC%81a-Madrilen%CC%83a.pdf
“Plan de Desconexión Digital para Abogados/as”. ICAM – Fundación ICAM-Cortina 2025. https://fundacion.icam.es/wp-content/uploads/sites/11/2024/10/GUIA-DESCONEXION-DIGITAL.pdf
“Guía Stop Suicidios. Proyecto Bienestar Integral ICAM”. ICAM- Fundación ICAM-Cortina. https://web.icam.es//wp-content/uploads/2023/10/GUIA-PREVENCION-DEL-SUICIDIO.pdf
“Bienestar Mental en la Profesión Jurídica: Un Estudio Global. International Bar Association. Londres. 2021. https://www.ibanet.org/document?id=IBA-report-Mental-Wellbeing-in-the-Legal-Profession-Spanish
“Estudio sobre la salud y el bienestar de la Abogacía Española”. Instituto de Salud Mental de la Abogacía (ISMA – MHILP) – Lefebvre. 2019


